El último giro en el conflicto de Irán deja fuera de juego a los más pesimistas con una mejora violenta y fuera de horario
“¿Qué cómo llevamos los inversores las declaraciones de Trump? A base de valiums". Francisco Quintana es director de estrategia de inversión del banco ING. Es miércoles por la mañana y la Tercera Guerra Mundial no ha estallado. No queda más que tomarse con filosofía —y una pizca de humor— el último giro de guión en la guerra de Oriente Medio. Los mercados, a base de sustos, se empiezan a acostumbrar a lidiar con un presidente veleta.
La víspera, Donald Trump había amenazado con hacer desaparecer del mapa a Irán. La Casa Blanca tuvo que responder a la incómoda pregunta de si lanzarían una bomba nuclear sobre Teherán. Pero los operadores de Wall Street apenas si levantaron la ceja. La Bolsa de Estados Unidos cotizó con ligeras caídas a media sesión y cerró plana. Business as usual.
Ya el miércoles, con el grandilocuente anuncio de que EE UU e Irán habían acordado un alto el fuego por dos semanas, el precio del petróleo se desplomó —parece que el estrecho de Ormuz volverá a ser transitable— y registró una de las mayores caídas intradía de su historia, un 19% de corrección. En paralelo, las acciones asiáticas, europeas y estadounidenses subieron como la espuma. Eso, con los misiles iraníes aún sobrevolando y golpeando Israel. Y los de Israel cayendo sobre el Líbano.










