El conflicto en Oriente Próximo desploma el índice de confianza de JPMorgan AM

Antes de la tregua de dos semanas firmada in extremis en la madrugada del pasado miércoles, los inversores se habían pronunciado alto y claro: “No a la guerra”. El ataque de EE UU e Israel contra Irán, que se inició el 28 de febrero, ha supuesto un golpe en el tablero geopolítico mundial. Todas las fichas han saltado por los aires y la onda expansiva donde primero ha llegado es a los mercados financieros. Si hay algo que detestan las Bolsas es la incertidumbre y la resolución del conflicto es un requisito indispensable p...

ara traer normalidad al mundo financiero. Pocos activos, a excepción del dólar, han servido de refugio para el dinero en el último mes y medio. Como los navegadores de los coches, todos los organismos económicos estaban recalculando la ruta para la economía mundial. La diferencia entre un derrape pasajero y una caída por el precipicio estará en la capacidad para llegar a una paz estable en los próximos 15 días.

La reapertura del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz es un requisito indispensable para alejar el fantasma de la estanflación. Hasta la firma de la tregua, todos los ojos estaban puestos en las consecuencias que la subida de los precios energéticos tendrían en el IPC. Un repunte sostenido de los costes se acabaría trasladando a numerosos productos y servicios. En consecuencia, una espiral inflacionista descontrolada forzaría a los bancos centrales a pulsar el botón del pánico, es decir, a subir los tipos de interés antes y con más intensidad de lo previsto. De momento, el alto el fuego ha vuelto a abaratar la cotización de los precios energéticos.