La Casa Blanca intenta mermar la inversión en ciencia, incluida la agencia espacial, que tendría que cancelar 40 misiones y recibiría un tijeretazo del 23%
Puede parecer una contradicción, pero tal vez no lo sea. Con tan solo cuatro días de diferencia, el presidente de Estados se ha apropiado del éxito de la primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo, y ha mandado al Congreso un documento presupuestario en el que pide por segundo año consecutivo unos recortes en ciencia inéditos desde la Segunda Guerra Mundial. En la mente de Trump, adelgazar al máximo el Estado no es incompatible con presumir de los logros del Estado.
“En mi primera legislatura tuve que tomar la decisión de qué hacer con la NASA, cerrarla o resucitarla”, les dijo esta semana Trump a los cuatro astronautas de la misión Artemis 2, que acababan de cumplir con éxito sus mayores hitos, y ya estaban de regreso a casa. “En mi mente no había alternativa, así que gastamos lo que había que gastar”, aseguró el presidente mientras el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas Christina Koch y Jeremy Hansen escuchaban en silencio poco después de haber sido los primeros en contemplar zonas enteras de la cara oculta de la Luna por primera vez, y convertirse en los humanos que más lejos han viajado en el espacio. Trump defendió su decisión de volver a la Luna con el programa Artemis, y lo relacionó con la creación de las Fuerzas Armadas del Espacio, a las que definió como su ”bebé”.







