La Universidad de Harvard y la NASA se cuentan entre las instituciones científicas más reconocibles, productivas y prestigiosas del mundo, pero están en el punto de mira de Donald Trump. La Casa Blanca ha congelado 2.600 millones de dólares en subvenciones y contratos a Harvard, la universidad que más premios Nobel ha conseguido para Estados Unidos (más de 150). A la agencia espacial, el presidente quiere quitarle una cuarta parte sus fondos, en un golpe de tal calibre que devolvería a la NASA a su nivel presupuestario más bajo desde los inicios de la carrera espacial contra la Unión Soviética.

No son los únicos organismos de investigación que están sometidos a una presión sin precedentes por parte de la Administración Trump, cuya pobre argumentación consiste en decir que pretende eliminar programas “woke” y “despilfarradores”. El tijeretazo anunciado del 56% al presupuesto de su Fundación Nacional de Ciencias (NSF, por sus siglas en inglés) “paralizaría la ciencia estadounidense”, según denuncian sus empleados, dejando sin apoyo económico a más de 250.000 investigadores y estudiantes. A los Institutos Nacionales de Salud (NIH), que están detrás del 95% de los medicamentos que se aprueban en Estados Unidos, el hachazo que le corresponde es del 40%, lo que deja en riesgo grave investigaciones cruciales sobre enfermedades y curas que afectan a toda la humanidad.