La última vez que Matthew Herbert (Kent, Inglaterra, 53 años) pisó Madrid, hace siete años, lo hizo paralizando el Paseo de la Castellana e instalando un escenario en la plaza de Colón al que subió rodeado de más de 50 músicos locales a los que embarcó en su Brexit Big Band. Una gira “de disculpa” por la salida de Inglaterra de la Unión Europea con la que recorrió el continente sumando a más de mil músicos. Esta vez, en cambio, acudió acompañado tan solo por la joven cantante y percusionista Momoko, junto a la que ofreció un concierto en la intimidad del patio de La Casa Encendida con ...
recursos tan sencillos como el ritmo percutivo del bote de un balón de baloncesto. Con ella publicará su próximo disco el 27 de junio.
También tenía planeado presentarlo en el Sónar de Barcelona, hasta que se sumó al boicot de hasta 40 artistas que prefirieron no actuar tras difundirse la pertenencia del festival insignia de la electrónica al fondo de inversiones proisraelí KKR. Al preguntarle por correo electrónico por su ausencia, respondió que había sido una decisión difícil: “Los responsables del festival son buenos amigos y han apoyado y alentado constantemente mi trabajo más político durante casi 30 años”. Y remitió a su escueto comunicado, en el que insistió en que “nuestra prioridad es hacer todo lo posible para poner fin al genocidio en Gaza e impulsar la creación de un Estado palestino y el fin de la ocupación”. En su caso, tiene todo el sentido, Herbert es un músico cuyo grueso creativo apela a la concienciación política. Sin ir más lejos, cerró su concierto en Electrónica en Abril, en Madrid, desplegando una bandera palestina.







