Tierna y sabrosa, la especialidad típica de la costa atlántica de Galicia lo tiene todo para enamorarte. Si la acompañas de un vaso de leche, el placer aumenta

Aunque asociamos más la rosca al Día de Reyes, la Pascua también es su momento álgido. En Galicia, particularmente en la costa atlántica, preparan una que debería ser tan popular en el resto del territorio español como la tarta de Santiago, las filloas o la bica porque es sencillamente magnífica. Su miga es esponjosa, sabrosa, tierna y muy aromática gracias a que la masa se enriquece con una buena cantidad de mantequilla o manteca –mantequilla clarificada– y huevos, algo que la hace muchísimo más interesante que la masa de un roscón típico de Reyes.

Como toda masa que implica un proceso de amasado, fermentación, formación y horneado tiene cierta complejidad. No es imposible: siguiendo bien los pasos y haciendo buen uso de los bíceps, tríceps y demás músculos saldrá bien. Si tienes una amasadora eléctrica, cuentas con varios puntos de ventaja; una báscula es innegociable. Para aromatizarla es común usar anís y piel de naranja o limón, pero puedes prescindir de uno u otro según tus gustos.

Posdata: la rosca de pascua gallega se puede comer tal cual, pero el placer se eleva al cuadrado si se moja en un vaso de leche.