El diestro de Linares, Rafa Serna y Diego San Román, por encima de la corrida de Martín Lorca
El diestro Curro Díaz, que hizo hoy el paseíllo en Las Ventas solo dos días después de la muerte de su padre, remontó el luto con una entregada actuación que le valió una aplaudida vuelta al ruedo, una vez que la presidencia le denegó una oreja pedida por la mayoría de público.
En circunstancias tan dolorosas, el torero de Linares puso todo de su parte, al igual que sus compañeros, ante un lote de toros de Martín Lorca que dieron un juego muy escaso, lastrados por la falta de empuje y también por una medida raza de la que los tres espadas supieron sacar más prestaciones de las esperadas.
Pero quien más vio reconocido el esfuerzo fue Curro Díaz, que contó siempre con el apoyo del tendido, y que no se guardó nada ya con un primero de la tarde que usó su serio y veleto armamento para intentar tropezar constantemente su muleta y saliéndose de los embroques sin entrega cuando no lo conseguía. El veterano jiennense fue cogiéndole paulatinamente la medida para, con un buen manejo de tiempos y alturas, trazarle muletazos de buen tono por ambas manos, buscando siempre la naturalidad, aunque entonces no tuvo la efectividad con la espada que sí consiguió con el segundo de su lote, que cayó antes por los efectos de una espada que entró algo desprendida. A ese detalle fue al que tal vez se agarró la presidencia para desatender la mayoritaria petición de oreja que provocó esta vez una faena de pases menos limpios, pero sí más ligados, en tanto que Curro Díaz logró aprovechar las sosas y cortas arrancadas del animal situándose más en corto y aminorando también la exigencia del trazo, con el tendido apoyando hasta el último momento.






