Sin petición mayoritaria y tras un pinchazo y un aviso, el palco concedió una oreja a Lama de Góngora; Pepe Moral y Fabio Jiménez, por encima de una bella, desigual y descastada corrida de Alcurrucén
Era evidente que no había petición mayoritaria, la faena del torero tuvo momentos brillantes, pero no fue una actuación redonda, pinchó y sonó un aviso antes de cobrar una estocada. Pues aunque parezca extraño, el presidente, a la sazón José Luque, enseñó su pañuelo blanco y concedió la oreja al matador....
Puede parecer una exageración, pero da la impresión de que los presidentes de la Real Maestranza, al menos los dos que ha subido al palco en estos dos festejos celebrados, están empeñados en hundir de una vez por todas el prestigio de esta plaza que, actualmente, está por los suelos por sus errores de bulto, inconcebibles hace solo unos años e impropios de aficionados de medio pelo. Pero ahí siguen, refrendados por el poder político, que apoya esta trepidante degeneración de la plaza sevillana, que antaño fue santo y seña de la sapiencia y la categoría.
El torero beneficiado por el desliz presidencial fue Lama de Góngora, sevillano, de buen corte y escasos contratos, que se encontró con el toro más potable de la tarde, y mostró su mejor versión en una faena intermitente por su escasa experiencia a pesar de su ya larga carrera como matador. El comportamiento del toro fue de menos a más, al igual que la actuación de Lama. Le costó entrar en faena, molestado por el viento, y buscó la sintonía con su oponente, sin encontrarla, con la mano derecha. Mejor con la zurda, y con más clase el toro por ese lado, y Lama dibujó varios naturales extraordinarios, más confiado en sus posibilidades. Mató mal, pero paseó un trofeo, que ojalá le sirva para su carrera porque atesora condiciones y escasa suerte. No tuvo opciones con el quinto, soso y descastado.






