El caballero alicantino cortó tres orejas; dos, Guillermo Hermoso, y una Lea Vicens, a una nobilísima y templada corrida de El Capea

Andy Cartagena salió a hombros por la Puerta del Príncipe, la primera de la Feria de Abril, después de una actuación manifiestamente mejorable, más espectacular que torera, y más pendiente el caballero de buscar el aplauso fácil que de torear a caballo. Merecería un concienzudo estudio averiguar por qué la presidenta la concedió las dos orejas del cuarto de la tarde tras una actuación poco más que vistosa en la que sobresalieron las banderillas al violín (en una de ellas resultó herido uno de sus caballos) y un par a dos manos. Mató de un rejón en lo alto que produjo derrame y allá que se lo llevaron a hombros.

De verdad, de verdad, quien tenía que haber salido de tal guisa es El Capea, el dueño de los toros, que envió una Sevilla una corrida correctamente presentada, muy pareja de hechuras, de largas y constantes embestidas, nobilísima, dulce como el almíbar, que colaboró a que la terna se confiara a sus anchas como si estuviera en un tentadero.

A pesar de ello, el espectáculo solo se vino arriba en el tercero de la tarde, cuando Guillermo Hermoso esperó a su toro en la puerta de toriles, el animal salió con muchos pies y puso en serios apuros al caballo Jíbaro que salió airoso de la persecución.