Después del indulto de un toro de Murteira en 2024, el primero de la historia de esta plaza, había muchas ilusiones en un nuevo encierro de este hierro. Sin embargo, no acabó de romper la corrida; a veces por los toros y en ocasiones por los toreros. Un dato es que solamente hubo siete puyazos en todo el festejo, una tónica que se ha extendido durante todo el ciclo azpeitiarra, prácticamente abonado al monopuyazo en una plaza donde el tercio de varas era el principal atractivo hace no muchos años.
El nombre del festejo fue Borja Jiménez; el sevillano cortó una oreja en cada uno de sus toros, que le sirvió para salir en hombros a pesar de no ser un triunfo rotundo. Le tocó un buen ejemplar en primer lugar al que entendió con rapidez en un inicio de faena en los medios con dos tandas de derechazos muy intensas, pero luego su labor se perdió en improvisados adornos y cites acortando el terreno que hizo bajar la transmisión. Cerró con una buena estocada que aguantó con casta el de Murteira antes de recibir un descabello, lo que enfrió los tendidos.
En el quinto, Jiménez volvió a alternar el efectismo con buenos muletazos, pero siempre con esa sensación de amontonarse al final de las series. Lo mejor fueron unos ayudados que pusieron el epílogo antes de un pinchazo que le impidió cortar las dos orejas.






