Oreja solitaria para el extremeño; Talavante, a medio gas, y Ortega, oscurecido con una corrida muy toreable de Núñez del Cuvillo
La faena de la tarde, una de las de la Feria, fue la de Emilio de Justo al quinto de Núñez del Cuvillo. Un toro serio, sobre todo de cara, engatillado, el que sacó más raza del lote. No fue muy allá en varas, simplemente se dejó, pero pronto descubrió el buen fondo que tenía. Lo vio enseguida De Justo que, tras doblarse con torería en los primeros compases, se fue al tercio con decisión. Una faena compacta, sin resquicios. Muy metido el toro en la muleta de Emilio de Justo que gobernó en todo momento la situación. Una arrucina, sin monta...
r la muleta con la espada, con la mano izquierda, levantó el clamor. Pero quedaba algo más, una tanda final por naturales a pies juntos que terminó por entregar a la gente. No se reservó nada el torero. La espada algo desprendida le restó un triunfo mayor que ya se estaba relamiendo.
Con su primero estuvo comprometido, con actitud. Un buen toro ese segundo de la tarde, con ligero gazapeo molesto que le hizo siempre perder pasos a De Justo entre muletazo y muletazo. Además, un vientecillo molesto le incomodó en algún trance. Intercaló pases sueltos, pero a la faena le faltó ligazón para llegar de una manera más directa a la gente.






