Paco Aguado |

Sevilla (España) (EFE).- El diestro peruano Andrés Roca Rey, tras una larga y creciente faena, fue premiado en Sevilla con las dos orejas del quinto toro pero a cambio de una tremenda y -a falta de conocer el parte médico- también aparentemente grave cornada recibida en la suerte de matar.

Todo sucedió en la corrida que hacía la número trece del abono de la Feria de Abril, número maldito que parecía hasta entonces afectar únicamente al plano desarrollo del festejo, con cuatro toros absolutamente desfondados de los dos hierros de Victoriano del Río de los que poco o nada pudieron sacar en claro los tres matadores, y en el caso de José María Manzanares, que se extendió en un improductivo tesón, por partida doble.

En cambio, la salida del quinto dio paso a otra corrida muy distinta, con un fino y serio cinqueño que repitió con largura sus embestidas al poco ambicioso capote de Roca Rey, antes de que se le midiera el castigo en varas y amagara tímidamente con rajarse en banderillas. Aun así, el peruano se fue al tercio a abrirle faena con las dos rodillas en tierra y dos pases cambiados de rodillas, y aún un tercero de mucho más mérito cuando el toro se paró, midiéndole, y Roca resolvió el apuro poniendo mucho leña en el asador.