La cogida plantea muchos interrogantes sobre el futuro del sevillano y añade un capítulo épico a su brillante hoja de servicios

Una cornada ha roto el semblante de José Antonio Morante de la Puebla (La Puebla del Río, Sevilla, 46 años) en uno de los momentos más felices, sin duda, de su ya larga carrera profesional.

Este lunes llegó a la plaza de La Maestranza con una sonrisa en los labios, dispuesto, seguro, a reverdecer otra vez viejas estampas de la tauromaquia más añeja, pero un toro se cruzó en su camino, lo atropelló con violencia y la expresión alegre del torero se tornó dramática y dolorosa. Clandestino, número 178, de capa castaña y 512 kilos, perteneciente a la ganadería salmantina de Hermanos García Jiménez, lo había roto por dentro cuando intentaba pararlo con el capote.

La plaza quedó enmudecida; al torero lo trasladaron a la enfermería y comenzó una espera interminable hasta que, pasadas las diez de la noche, el parte médico firmado por Octavio Mulet, cirujano jefe, confirmaba la extrema gravedad de la cogida.

Este mediodía el propio Morante declaraba a las cámaras de Canal Sur TV que esta había sido la cornada más dolorosa de su vida. “Tenía un dolor inmenso y, además, muchísimo miedo porque vi que el toro me había cogido en peso y pensaba que estaba sangrando; cuando llegué a la enfermería y vi que el sangrado era poco, me relajé, pero sí que me dolió bastante”.