El torero sevillano ha anunciado una inesperada y sorprendente vuelta a los ruedos, una especie de estafa sentimental
Morante de la Puebla puede colgar y descolgar el traje de luces cuando le venga en gana. Es un experto, además, en cortar por lo sano una tarde y desdecirse poco tiempo después como si nada hubiera sucedido. Ya lo hizo, la primera vez, en 2004 por motivos de salud; en 2007, por una pérdida de ilusión y en 2017 por aburrimiento, según sus propias palabras. Y se supone que el pasado 12 de octubre se retiró porque, dijo, “ya no puedo más“, que fue lo que le comentó a su cuadrilla después de desprenderse del añadido.
Pero el agotamiento le ha durado un plis plas. Una vez descansado, ha recibido al empresario de La Maestranza y se ha mostrado incapaz de decir no a una sabrosa propuesta (“pídeme lo que quieras…“) de gloria popular. Ya se sabe que el público es veleidoso y olvidadizo, y algunos genios jamás se refugiarían en una isla desierta porque los peces no aplauden.
Total, que el próximo 5 de abril, Domingo de Resurrección, aparecerá en la puerta de cuadrillas de la plaza de La Maestranza como si tal cosa, y Sevilla, sin duda, lo recibirá con una sonora ovación, porque para eso es Morante, que no es decir cualquier cosa.






