El sorprendente adiós del torero deja numerosas incógnitas y aumenta su aureola de figura histórica

Un genio es aquel ser humano que es capaz de dejar con la boca abierta al resto del mundo. Ese es Morante....

Ayer, en la plaza de Las Ventas, de manera inesperada y entre la sorpresa general, se cortó la coleta y dijo adiós a la profesión tras pasear dos orejas que le garantizaban su salida a hombros por la Puerta Grande, la segunda en su larga carrera como matador de toros.

Pasadas las siete y media de la tarde, cuando recorría el ruedo madrileño entre el desmedido alborozo de los tendidos, y la arena quedaba regada de sombreros, nadie podía imaginar lo que sucedería un minuto después.

Y la plaza, la afición, la tauromaquia toda, dentro y fuera de las fronteras de este país, se quedó absorta, enajenada, conmovida, de modo que muchos se sintieron traspasados por un rayo estremecedor y pasaron de la felicidad suprema a la tristeza más dolorosa.