Gran actuación del torero valenciano y una buena corrida de Victoriano del Río, con un toro de vuelta al ruedo
Un brindis por un torero nuevo: Samuel Navalón. Una auténtica mascletà fallera. Quemó las Fallas antes de hora y ardió la plaza que, entregada, coreó el “torero, torero” con tanta pasión como sinceridad. Primero fue en el tercero de la tarde, un toro de considerable alzada, más basto que fino, pero con presencia en plaza. Tuvo cierta entrega en el caballo, y en la muleta fue una incansable máquina de embestir; con clase, además. Desde que Navalón lo recibió con dos largas de rodillas, se barruntaba que algo iba a pasar. Y pasó. En el centro del ruedo se dispuso todo, la entrega del toro y la torería de Navalón. Ora por la derecha, ora por la izquierda, la faena no tuvo resquicio alguno. Bien ligada, templada, de juvenil entrega, pero de maestría también. La plaza se vino abajo. Y valor del bueno, de zapatillas muy clavadas en la arena. El final de faena fue luminoso: pase de las flores, circulares invertidos y un desplante a cara descubierta despreciando muleta y espada. Un pinchazo previo a la estocada final, le privó de que el premio fuera doble. Al toro de Victoriano del Río, “Casero”, número 59, le dieron la vuelta. No era para menos.






