La terna estuvo integrada por tres capaces jóvenes toreros que se repartieron tres ovaciones
La descastada condición de los novillos de Antonio Palla, que no se cayeron pero que carecieron de clase a excepción del cuarto, dio al traste con la evidente disposición al triunfo de El Mella, Cid de María y Tomás Bastos, terna integrada por tres capaces novilleros que se repartieron tres ovaciones con saludos, a una por coleta. El Mella abrió plaza frente a un novillo por edad y toro por presencia. El de Antonio Palla fue para acá y para allá sin emplearse ni en el peto ni en las telas; punteando y a media altura. Se dejó más por el derecho mientras que la inercia le empujó, y El Mella anduvo solvente y firme aunque sin continuidad en los aislados destellos que protagonizó. En el cuarto salió decidido al triunfo, iniciando de rodillas tanto el recibo de capote —a la verónica— como el trasteo de muleta, con pase cambiado por la espalda y continuando con una serie ligada y con emoción por el pitón derecho todavía de hinojos. Sin embargo, la faena de desinfló tras la tercera tanda al mismo tiempo que lo hizo el enclasado fondo inicial del armónico utrero, con el que El Mella tuvo que atacar con el descabello hasta en cuatro ocasiones.







