Las multas a Meta y Google por utilizar algoritmos diseñados para crear adicción abre el camino a una regulación inexcusable
Durante años, Silicon Valley se ha amparado en la ley que establece que las compañías no son responsables del contenido generado por sus usuarios y ha defendido que la tecnología es neutra y que los algoritmos solo persiguen mejorar la experiencia de navegación. Esta semana, sin embargo, un jurado de Los Ángeles ha dictaminado
dtm=""> que las aplicaciones de dos de las grandes tecnológicas, Meta y Google, son adictivas, que han sido diseñadas expresamente para mantener a los usuarios enganchados y que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los niños y adolescentes que las utilizan. En otro caso en Nuevo México, un jurado ha condenado a Meta —matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram— por no haber prevenido la explotación sexual infantil en sus plataformas.
Se trata de dos sentencias sin precedentes —y con implicaciones de alcance global— que responsabilizan a las compañías por los daños causados por sus decisiones de diseño, en lugar de por el contenido que alojan. El fallo de Los Ángeles constata que las técnicas de navegación que aplican las empresas de redes sociales para ganar afluencia —el scrolling infinito, las recomendaciones algorítmicas, los vídeos de reproducción automática o los filtros de belleza— impiden poner límites claros al tiempo de uso y favorecen dinámicas adictivas que afectan especialmente a los menores. De ahí deriva su responsabilidad.














