Las iniciativas judiciales en EE UU contra las grandes tecnológicas sobre la adicción de sus productos puede reforzar su regulación
El pasado miércoles, Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta (la empresa propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) declaró como testigo frente a un jurado del Tribunal Superior de Justicia del Condado de Los Ángeles (California). Lo que se juzga es si las redes sociales son productos que generan adicción y, en consecuencia, han causado daño a personas y familias. Es un caso diseñado para crear jurisprudencia, explícitamente inspirado en demandas similares contra la industria del tabaco —conocedora de los efectos nocivos de sus productos—, y que, si tiene éxito, puede suponer indemnizaciones milmillonarias y cambios sustantivos en cómo funcionan las redes sociales comerciales. Lo que ocurre estos días en esa sala californiana, por tanto, tiene trascendencia mundial.
La denunciante en este caso, K. G. M. , tiene 20 años y es usuaria de redes desde la infancia. Según relata, ha sufrido depresión, ansiedad y problemas de dismorfia corporal. Para sus abogados, plataformas como Instagram están pensadas para prolongar el tiempo de uso y, de ahí, a la adicción, que lleva al bullying, al acoso sexual y hasta al suicidio. La acusación se centra en el diseño de las aplicaciones, no en el contenido, que en Estados Unidos está fuertemente protegido por la Primera Enmienda y la Ley de Telecomunicaciones.
















