Charcutero desde los 17 años, David de la Riva Rodríguez elabora sus productos de cerdo en “una fábrica chiquitina” en Campomanes, una aldea de 600 habitantes junto a los Picos de Europa
“Tengo 45 años y llevo desde los 17 en la carnicería, estoy ‘pa’ jubilarme ya”, bromea David de la Riva Rodríguez, haciendo gala de ese humor sin aditivos –como los embutidos que fabrica– de los pueblos de montaña. Quien ha probado sus productos espera que no lo haga, aún, por mucho tiempo. No en vano este pequeño charcutero de Campomanes, una aldea de 600 habitantes en el valle del Huerna, a las puertas de los Picos de Europa, es considerado un auténtico maestro del tradicional embutido asturiano ahumado con leña de roble.
Cárnicas Campomanes abrió sus puertas hace más de 60 años, un secadero y charcutería 100% artesana en el que el chorizo y la morcilla asturianos son los productos estrella. Hasta 17.000 kilos del primero y 7.000 de la segunda vende al año David, que resta importancia a una nada desdeñable cifra teniendo en cuenta el tamaño de su negocio. “Somos una fábrica chiquitina, hacemos poca producción pero muy mimada, y seleccionamos cada parte de las canales del cerdo en función del tipo de chorizo que queremos elaborar”, arranca. “La parte más magra, por ejemplo, la usamos para el chorizo en crudo, y la que tiene más grasa para el chorizo que se hace a la sidra, para el cocido asturiano, para guisos, en definitiva”, detalla.






