Tras sus malas sensaciones con Xabi, el brasileño regresa con el nuevo técnico a los números que alcanzó con Ancelotti también después de pasar por la desconfianza de Zidane
Hay dos escenas gemelas en las que aparecen Simeone y Vinicius entre las que discurre el revivir futbolístico del brasileño. La primera sucedió el 8 de enero en Yeda, en el minuto 81 de la semifinal de la Supercopa de España entre el Real Madrid y el Atlético. Cuando Vinicius se dirige contrariado al banquillo, sustituido por Arda Güler, se oyen silbidos en el estadio de Yeda y ...
Simeone, burlón, le indica que se fije en lo que hace la gente. Hasta poco antes el técnico le había estado gritando desde la banda: “Te va a echar Florentino. Acordate. Acordate que te va a echar”. La segunda escena se produjo en el minuto 86 del derbi del domingo, cuando Vinicius volvió a cruzarse con Simeone camino del banquillo. El brasileño sonreía socarrón después de haber marcado dos goles. Con ese paseíllo de revancha se iba al parón de selecciones tras recobrar la plenitud de un encuentro a otro con el argentino.
Aquel derbi de Yeda fue el penúltimo partido de Xabi Alonso en el banquillo del Madrid, las últimas horas de un periodo de decaimiento del brasileño, muy sensible a la confianza que le transmiten los técnicos. El contraste entre aquellos meses y las semanas que ha pasado bajo el mando de Álvaro Arbeloa es extraordinario. El futbolista ha regresado a la versión descollante que mostró bajo la tutela de Carlo Ancelotti, un fenómeno que guarda cierto paralelismo con lo que sucede con el actual técnico. El italiano heredó un futbolista del que recelaba Zinedine Zidane y lo elevó a niveles de crack mundial, clave en el Balón de Oro de Benzema en 2022 y segundo él mismo en la edición de 2024 a escasos votos de Rodri. Precisamente después de esa decepción se evaporó el gran Vinicius que ha empezado a emerger de nuevo estos meses.







