El brasileño, que sigue recibiendo algunos silbidos, rehúye al anfiteatro en la celebración de su gol

Algo se ha roto entre Vinicius y el Bernabéu, o al menos una parte del estadio, y tardará un tiempo en arreglarse. Si se soluciona del todo. El brasileño metió un buen gol en el minuto 63, su primer tanto esta temporada en la Champions, y se marchó corriendo serio al centro del campo como si allí no hubiera ocurrido nada. Rehuyó de forma indisimulada el contacto directo con la afición. Sus compañeros lo abrazaron y Kylian Mbappé jaleó al anfiteatro para que animaran al brasileño, pero la escena delató la tensión del momento después de la histórica pitada que cayó sobre el extremo el sábado ante el Levante.

El siete no quiso saber nada de celebrar con la gente su tanto al Mónaco y sí recorrió varios metros para abrazarse con Arbeloa, que no ha parado de defenderlo en la última semana. “Ese abrazo era el madridismo. Él sabe que tiene toda mi confianza y casi la obligación de sacar toda su magia. Si está feliz, es el más desequilibrante”, comentó el nuevo técnico.

Contra el equipo francés, de momento, fue nombrado el MVP. “Los últimos días han sido muy complicados para mí, para todos los compañeros, pero sobre todo para mí por los pitidos, por todo lo que se habla sobre mí. Siempre estoy en el foco y no quiero estarlo por cosas fuera del campo, quiero estarlo por todo lo que he hecho por este club, pero la exigencia es grande y tengo que hacerlo cada día, intento darlo todo por esta camiseta y el club que me ha dado tanto”, afirmó en declaraciones a la UEFA, donde reclamó “el apoyo de la afición para que todo pueda volver a la normalidad”.