El Bernabéu, salvo muy leves pitidos al extremo, deja correr la crisis y el brasileño no se queja al ser cambiado
Los seis días de crisis interna en el vestuario del Madrid tras el grave desaire de Vini a Xabi acabaron con una decisión con aires salomónicos del técnico. El brasileño volvió a ser sustituido, sí, en el minuto 78, pero a la vez que Mbappé, y ya con todo vendido. Cuando vio el cartelón, el extremo no dijo ni pío. Puso cara de nada, enfiló el camino al banquillo y, esta vez sí, saludó a su entrenador, a quien tres días antes no citó en su comunicado de perdón. Pareció la foto de una tregua más que de una reconciliación al final de una noche en paz. “Hizo un buen partido”, respondió lacónico el vasco, algo cansando de tanta pregunta sobre por qué el extremo tiró el penalti fallado cuando el primer lanzador es Kylian.
Ya solo quedaba el Bernabéu por posicionarse sobre la crisis Vini-Xabi. Y la reacción de la grada fue un dejémoslo correr. Si acaso, algunos silbidos para el brasileño, aunque muy mínimos para el calado de la crisis que se desató tras los malos gestos del jugador por su sustitución en el clásico. Hubo algunos pitidos más cuando el extremo erró la pena máxima, pero sin más consecuencias. Si Xabi Alonso se esforzó en la previa en asegurar que para él todo había quedado resuelto, en un intento por rebajar el volumen, la masa no quiso llevarle la contraria.







