La afición blanca despide al extremo con un gran abucheo en un choque marcado por el enfado con los jugadores. “La gente es soberana y libre de opinar”, dice Xabi Alonso
El futuro contractual de Xabi Alonso en el Madrid penderá de un hilo muy fino, cada vez más fino si cabe, pero los vestigios del viejo Bernabéu también tienen algo que decir sobre los jugadores. Y, sobre todo, sobre Vinicius.
En cuanto el balón se puso en circulación, en cada ataque del Sevilla, equivocación blanca o incluso cualquier acción que no saliera bien para los locales, la grada pitó. No perdonaban ni una. Por un error de Huijsen —otra vez muy disperso—, por una ocasión que se le escapó a Isaac Romero o por un regate que no culminó Vini. A la menor, o mayor, silbidos al aire en un ambiente muy tenso en la Castellana.
El gran rapapolvo se lo llevó el siete blanco, protagonista central de una trayectoria madridista que marca un antes y un después desde el clásico de marras, y que fue despedido en el 83 con una gran pitada todavía con un angustiante 1-0 para los locales. El brasileño, a diferencia de lo que ocurrió en el clásico, se retiró manso, lento, masticando el cabreo de la grada. Un desfile amargo para él que marca un punto de inflexión en la relación con su gente, al menos, en este momento de crisis. Curiosamente, esta vez, después de entregar el brazalete de capitán a Courtois, se saludó con el técnico al que desautorizó de forma muy grave la tarde del Barcelona. No habló después del partidos, pero sí tomó una decisión: cambió su foto del perfil de Instagram con el Madrid y publicó una con Brasil.






