El brasileño, que pide perdón a la grada tras anotar el segundo gol del Real Madrid, recibe la crítica de una parte de la grada que le tiene señalado

El Bernabéu huele a una extraña mezcla de tristeza, resignación y enfado. El empedrado, con más asientos vacíos de lo normal, recibió a los jugadores contra el Alavés en silencio, como si aquí no hubiera pasado nada; sin embargo, en cuanto el balón se puso en circulación, un sector hizo ver que sí habían pasado cosas que no pensaba dejar pasar. De nuevo, con Vinicius en la mirilla, con Camavinga en el disparadero y, esta vez como novedad, con algunos pitidos a Mbappé. El francés había salido limpio de las enormes broncas del invierno, pero ante el Alavés no se libró.

La gente, sobre todo, está rendida y cansada después de una temporada depresiva que se quedó hueca a falta de siete jornadas. Atrás quedaron aquellas tardes de furia y fuego de enero y febrero; pero si hay que protestar, el graderío lo tiene claro: Vinicius continúa siendo el principal señalado, unido estos días en este fatal destino a su amigo Camavinga, que acabó expulsado en Múnich y retratado en Mallorca. El galo salió en el minuto 63 con el cartel de culpable colgado del pecho. Cada vez que intervino, silbidos. “Tiene mucha personalidad y una gran experiencia pese a su juventud. Siempre que lo necesite, lo voy a sacar. Tiene la confianza del entrenador, del club y seguro que también de la afición”, reaccionó Álvaro Arbeloa, que también se refirió a los pitos sobre Vinicius.