Considerada como siempreviva por su resistencia a condiciones de cultivo insanas para otros vegetales, su floración de inflorescencias amarillas alcanza el cenit al final del invierno

En la recta final de marzo no es mala cosa elevar la mirada al deambular

-puedo-dan-vida-a-los-barrios.html" data-link-track-dtm="">por las calles, porque de los poyetes de las ventanas y entre los barrotes de los balcones asoma mucha belleza. Como la de varias plantas suculentas que no se detuvieron en el invierno y prosiguieron la marcha para crear tejidos nuevos, hojas lustrosas e incluso flores. En este grupo hay un género muy amplio, con gran cantidad de especies: los sedos.

Su nombre científico es Sedum, y son unas plantas consideradas como siemprevivas, por su resistencia a condiciones de cultivo insanas para otros vegetales. Aguantan las temperaturas tórridas y muchas especies también las heladas; no les molesta el sol más inclemente ni les preocupa enraizar en sustratos miserables. Tampoco temen el olvido del cultivador, que no les hará mella, pero, a poco que se las cuide mejor, responderán con un crecimiento más vigoroso. Es cierto que si se las mima en demasía algunas no estarán tan bonitas como cuando se crían en situaciones menos favorables, en las que endurecen sus tejidos y alcanzan mejores coloraciones en sus hojas. En definitiva, el género Sedum es imprescindible en cualquier terraza que se precie, para engalanarla con sus formas tan atractivas.