Macasar, arbusto de papel, violetas, jacintos, romero... hay plantas que llevan unas cuantas semanas dejando flotar su esencia en el aire

La temporada de conciertos aromáticos se inicia en breve, aunque ya hay plantas que llevan unas cuantas semanas dejando flotar su esencia en el aire. Hace tiempo que el macasar (Chimonanthus praecox) tiró al suelo sus campanas de cera, con ese espíritu fresco a azahar y a jazmín, un olor que se hace aún más dulce por florecer en el frío intenso. Pero ya ha cogido el relevo el llamado arbusto de papel (Edgeworthia chrysantha), una especie poco frecuente —por desgracia— cuyas inflorescencias doradas dibujan sonrisas en el rostro de quienes las huelen. Para inhalar esta mezcla dulce, con un punto ligero de vainilla, hay que agacharse y hacer una reverencia, ya que sus florecitas cuelgan pertinentemente para evitar que la lluvia las inunde.

Las violetas (Viola odorata) están algo exhaustas en muchas regiones de España, porque son incansables en producir su aclamado perfume incluso desde diciembre, si bien es ahora cuando crean unas ráfagas finales y se lían a crear corolas y más corolas moradas, lilas, blancas... con las que sorprender a los fieles polinizadores. Estos han de elegir entre ellas o los cercanos alhelíes (Erysimum spp.), vegetales de la familia de la coliflor o el repollo, pero de olor más refinado que esas verduras. La suavidad de caramelo que emana de sus cuatro pétalos es comparable a la de otra pariente, la mielaria blanca (Lobularia maritima), cuya esencia es la de la miel, como su nombre indica.