No todas las especies son apropiadas para germinar ahora, han de resistir el frío y posibles heladas. Además, es clave cuidar la profundidad de la siembra y que las semillas reciban luz solar y un correcto riego
El verano da sus últimos coletazos y bocanadas estertorosas. Poco a poco, sus temperaturas altas, bajan, y la humedad ambiental sube algo en las regiones de aires secos.
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el-otono-una-segunda-primavera-en-el-jardin-y-en-las-plantas.html" data-link-track-dtm="">El mercurio de los termómetros se detiene en cifras benignas para las plantas en aquellos lugares donde hubo días sofocantes por completo. En jardinería bien se sabe que el otoño es un fresco repunte que regala el año para que las yemas broten de nuevo, ya sean yemas de hoja o yemas de flor, y las plantas tengan un periodo de crecimiento resultón. Claro está, no será al nivel de la jugosa primavera, pero si en estos días se tiene una mirada atenta se puede comprobar de primera mano que muchas plantas están en pleno crecimiento activo.
Todo este aumento en la actividad de las plantas lleva aparejadas tareas imprescindibles en los jardines, como su nutrición con los abonados de otoño —más bajos en nitrógeno y más ricos en fósforo y potasio—, la plantación de bulbosas como tulipanes, narcisos o jacintos —que darán sus flores a finales del invierno y comienzos de la primavera—, además de la necesaria visita a las floristerías y los viveros para adquirir nuevas plantas. Una de estas tareas, que acarrea innumerables satisfacciones, es la de la preparación de semilleros. Este trabajo permitirá aumentar el número de plantas en la terraza como por arte de magia, ya que en pocos días se pueden tener cientos de nuevas plántulas que darán flor en los meses venideros.






