Esta planta de ramas largas y arqueadas con florecitas blancas de cinco pétalos y centro amarillo resiste tanto las temperaturas gélidas como la chicharrera veraniega. De intenso olor, su cultivo es sencillo: sobrevivirá siempre que no le falte humedad

Ha llegado el momento de suspirar al son de las flores de las espíreas de Van Houtte (Spiraea × vanhouttei). Este arbusto de nombre aristocrático se clasificó por primera vez allá por 1876, como señala la web de los Kew Gardens, en honor del viverista belga Louis Benoit van Houtte (18...

10-1876). Se podría decir que es una planta pasada de moda, frecuente en los jardines de trazado paisajista, aquellos de caminos curvilíneos y vericuetos románticos, con praderas en las que crecía esta espírea acompañada de otras arbustivas de flor, como los aromáticos celindos (Philadelphus coronarius).

A pesar de que alguien la vea perteneciente a otra época, sus ramas largas y arqueadas no entienden de los gustos humanos, y todavía se pueblan con florecitas blancas de cinco pétalos y centros amarillos, en un alarde de delicadeza. Sus mazos de flores se reúnen en umbelas, que a su vez se asientan sobre delgadas ramillas que brotan del suelo como si fueran chorros de una fuente barroca.