Cultivar esta herbácea perenne de pétalos amarillentos, blanquecinos, anaranjados y rojizos es sencillo. De fragancia elegante y refinada, ahora es el momento para disfrutar de su aroma

“Del árabe hispánico alẖayrí, este del árabe clásico ẖīrī, y este del persa xiri", reza el Diccionario de la Lengua Española sobre la etimología de la bella palabra alhelí, una flor que resume en cuatro pétalos el amor por la vida. Porque pasear por un jardín en el que florezca algún alhelí

-vida-breve-es-emocionante-y-hay-que-afrontarlo-con-valor.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/estilo-de-vida/2024-06-21/las-flores-que-inspiran-a-antonio-lopez-pintar-una-vida-breve-es-emocionante-y-hay-que-afrontarlo-con-valor.html" data-link-track-dtm="">es dejarse embriagar por su dulzura, gracias a su fragancia elegante y refinada, tan generosa que flota en la brisa, lejos de la flor que la elaboró. Precisamente, ahora es la época para disfrutar de su aroma.

Esta herbácea perenne recibe el nombre científico de Erysimum × cheiri y, aunque se la tilda de poco longeva, se encuentran alhelíes que incluso cumplen un par de decenas de años. Llega a crecer en sitios insospechados, y se sabe que es experta en germinar en las grietas de las paredes, en las cuales no le importa tener solo un poco de mortero como sustrato. Tal es su afición por estos lugares que en inglés la llaman wallflower, flor de muro. En aquella jardinería anglosajona, tan cuidadosa, hasta son capaces de hacer huecos en los ladrillos con tal de verla crecer allí y adornar lo inerte.