En nuestros huertos crecen incontables variedades de guisante y todas ellas se desvanecen al ser servidas como lágrima. Todas, entonces, saben a lo mismo, a bebé planta, porque no han tenido tiempo de mostrarse como realmente son

Sabemos que han pasado por aquí por la polvareda que levantan al cruzar a la carrera las cartas de los restaurantes. Al primer aviso de primavera en el horizonte, todo el mundo corre a ser el primero en servir tirabeques, habitas tiernas o guisantes lágrima, como si la primavera fuese un tren que sólo pasa una vez en la vida. ...

La gastronomía parece vivir en crisis de ansiedad permanente. Servir guisantes demasiado pronto no es seguir las temporadas, sino interrumpirlas antes de que se puedan desplegar en esplendor, en aras siempre de ser el que sale en la foto titulada “los primeros”. No hay respeto al producto cuando no le permitimos a éste mostrarse tal y como es.

Curiosamente, la palabra crisis tiene mucho que ver con habas y guisantes, aunque no en sentido negativo. La recibimos casi intacta del griego κρίσις, y significa separación, distinción, elección y discernimiento. Como añade el filósofo Ramón Alcoberro, el término es de origen agrario: la crisis es lo que ocurre al separar el grano de la paja o los guisantes y las habas de sus vainas. Pero no tiene matiz peyorativo. Crisis es el momento de elegir.