Pétalos celestes como acuarelas silvestres. Aroma suave, casi ausente, pero su textura ligera viste platos con delicadeza. Comestible cruda, sabor neutro, ideal en ensaladas o postres. Curiosa por su capacidad de conservar el color incluso seca. Belleza azul para recetas elegantes.
Sol en flor, de pétalos amarillos y anaranjados, sabor entre especiado y resinoso. Se usa cruda en ensaladas o infusiones, y cocida en mantequillas o risottos. Su textura es sedosa. Se la llama “el azafrán del pobre”. Ilumina la cocina con la energía y alegría del sol.
Racimos etéreos de flores blancas, que huelen a miel, a levadura fresca y primavera. Fragancia dulce, sabor floral con un toque de moscatel. Se comen crudas, dispersas en platos salados y dulces. Cocinadas en almíbares, vinagres o tempura. También fermentan fácilmente en bebidas y son famosas por su jarabe y el espumoso natural de saúco.
Flor traviesa de colores vivos. Aroma verde, sabor picante como rúcula o berro. Textura jugosa y crujiente. Cruda es perfecta en ensaladas, canapés, rellena o como pesto. Sus hojas también son comestibles. Sus semillas verdes se preparan como alcaparras. Una explosión de alegría floral en el jardín y en la cocina.






