Estaremos todos de acuerdo en que las judías verdes no son precisamente la cosa más atractiva del mundo, la alegría de la huerta. Pero ahí están, y estamos en plena temporada, así que buscar la manera de cocinarlas para hacerlas un poco más atractivas es una buena idea.

Esta versión que sirve como entrante o guarnición cumple con el objetivo y es muy sencilla. Las judías se cuecen en agua con sal apenas unos minutos para no pasarlas de cocción y la cebolla frita se prepara en un abrir y cerrar de ojos.

Para que la cebolla quede bien es importante separar bien los trozos una vez cortada para que se cubra cada uno de ellos con el almidón de maíz, no salarla antes de freírla –soltaría agua y entonces no quedaría crujiente–, y estar atentos con la fritura ya que se dora muy rápido.

Cortar la cebolla a pluma. Mezclarla en un bol con el almidón de maíz.

Calentar una cazuela pequeña con un par de dedos de aceite. Retirar el exceso de almidón de maíz de la cebolla y freírla hasta que esté dorada. Retirar sobre un plato con papel de cocina y salar.