Los promotores denuncian que el sistema no cuenta con la potencia suficiente para abastecer las nuevas obras
Los efectos de la ofensiva militar iniciada por Estados Unidos e Israel sobre Irán hace casi un mes han sobrepasado ampliamente las fronteras del país islámico. Las bombas han congestionado el estrecho de Ormuz, tensando el mercado energético mundial y poniendo en jaque contadores y facturas de la luz. Una tensión que vuelve a otorgar a la electricidad su condición de piedra Rosetta para el bolsillo de los ciudadanos, que, como pronostican los expertos, podrían verse agujereados por la subida de las tarifas eléctricas. Este contratiempo energético se suma a otro directamente vinculado a la construcción de vivienda, que en España adolece —según lamenta el sector— de una enorme incapacidad para abastecer la actual demanda.
Levantar obra nueva pasa por ser uno de los remedios para combatir la crisis de acceso que más consenso generan entre los actores del sector inmobiliario. Aumentar la oferta supone poner la primera piedra para afrontar la situación actual, aunque la colocación de todos los demás ladrillos resulta un proceso tedioso, en el que intervienen distintas administraciones, y al que se suma últimamente la incapacidad de la red eléctrica española para abastecer a las nuevas urbanizaciones, según denuncian los promotores.








