La guerra contra a Irán dispara el precio de la energía, sacude las cadenas de suministro y amenaza con empujar a hasta 30 millones de personas a la pobreza, según Naciones Unidas
Mientras la guerra contra Irán reconfigura los equilibrios geopolíticos, energéticos y comerciales, sus efectos empiezan a trasladarse al sistema alimentario global. El encarecimiento de la energía y la disrupción de una de las principales rutas del comercio mundial de fertilizantes están reduciendo el acceso a estos insumos en plena temporada de siembra. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) acaba de advertir de que este encadenamiento de impactos podría empujar a hasta 30 millones de personas a la pobreza y anticipa una nueva crisis alimentaria, con efectos directos sobre el precio y el acceso a los alimentos.
El cuello de botella está en el estrecho de Ormuz. “En 2024, alrededor del 30% del comercio mundial de fertilizantes” pasó por esta vía marítima, explica Barnaby Pace, investigador del Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL, por sus siglas en inglés), durante un seminario organizado por IPES‑Food, un panel internacional de expertos que analiza los impactos del sistema alimentario global. Casi la mitad de la urea —el fertilizante nitrogenado más utilizado— se produce además en países de la región, añade Pace. El bloqueo de Ormuz no implica necesariamente un corte total del suministro, pero sí encarece el transporte, eleva los precios y retrasa entregas en un momento crítico del calendario agrícola. Con la temporada de siembra en marcha en buena parte del hemisferio norte —y a punto de comenzar en muchas regiones del sur—, los retrasos actuales tienen efectos que se arrastrarán durante meses, incluso si el tráfico marítimo se normalizara en este momento.








