El estrecho de Ormuz no es solo un corredor marítimo para buques petroleros; es también una arteria vital del sistema alimentario global
Las repercusiones ya se sienten en los mercados mundiales de la energía, pero es posible que las consecuencias más inmediatas y peligrosas de un cierre prolongado no se manifiesten en la gasolinera sino en la mesa. El estrecho de Ormuz no es sólo un corredor marítimo para buques petroleros; es también una arteria vital del sistema alimentario mundial. Los países del Golfo reciben muchos productos alimenticios fundamentales (por ejemplo trigo, maíz, arroz, soja, azúcar y piensos) a través del estrecho, y agricultores de todo el mundo dependen de los fertilizantes y combustibles que pasan por allí.
Los países del Golfo son muy dependientes de la importación de alimentos, lo que los hace particularmente vulnerables. Para garantizarse el suministro de cereales, arroz, piensos y aceite de cocina, dependen de vías navegables abiertas y un flujo constante de cargamentos internacionales.
Como demostró la pandemia de COVID19, la fragilidad de las cadenas de suministro no es un problema exclusivo de tiempos de guerra. En los últimos años, muchos países del Golfo trataron de fortalecer sus sistemas alimentarios acumulando reservas estratégicas e invirtiendo en la producción local. También exploraron canales de transporte alternativos por tierra o usando puertos que no dependen del estrecho de Ormuz, por ejemplo el Puerto Islámico de Yeda en la costa saudita del mar Rojo.






