Mejorar las condiciones de vida de las campesinas, expuestas a salarios bajos, jornadas extenuantes y a violaciones de sus derechos laborales, es una prioridad de la agenda feminista tunecina de los últimos años. Aunque incipientes, ya se empiezan a ver algunos resultados

Dentro del mundo árabe e islámico, Túnez ha estado considerado un país pionero en el progreso de los derechos de la mujer. Sin embargo, los avances legales, como la aprobación de un código de la familia progresista en 1956, no siempre han tenido una aplicación directa sobre el terreno, especialmente en las zonas rurales. Las mujeres que trabajan en el sector agrícola son quizás el grupo social que aún padece las violaciones más graves de sus derechos sociales y económicos, además de diferentes tipos de violencia, incluida la sexual.

Por esta razón, desde hace una década, fortalecer a la mujer rural y conseguir una mejora de sus condiciones de vida se ha convertido en una prioridad para el movimiento feminista tunecino. Y aunque sea de forma muy incipiente, ya se empiezan a ver algunos resultados.

“La mejora de la situación de la mujer rural ha suscitado un gran interés en el feminismo tunecino y ha ocupado una posición importante en su agenda. Sus condiciones laborales son muy duras, incluido el transporte a su lugar de trabajo, que es inseguro y se cobra aún víctimas mortales”, explica Monia Ben Jemai, actual presidenta de la ONG Euromed Rights, y antigua máxima responsable de la Asociación Tunecina de las Mujeres Demócratas (ATFD, por sus siglas en francés), una de las entidades feministas más potentes de todo el mundo árabe.