No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres
En la semana del 8 de marzo, el mundo pone el foco en las mujeres y en las discriminaciones que les afectan. Es de justicia priorizar a las trabajadoras
6-de-la-poblacion-pero-ocupan-el-44-de-los-nuevos-empleos-las-extranjeras-catapultan-el-mercado-laboral.html" data-link-track-dtm="">de origen extranjero. Porque a ellas, en especial a las que están en situación administrativa irregular, no les han llegado en igual medida los muchos avances recientes conseguidos mediante el Diálogo Social. Lo que sí les ha llegado es la ola racista reaccionaria.
Aumenta el riesgo de explotación, abuso y violencia, laboral y social. Está pasando. Afrontamos una oleada racista que ha puesto en el foco de sus discursos de odio a las personas migrantes. En realidad, a personas migrantes racializadas.
Si en EE UU las políticas antiinmigración de Trump nos han escalofriado con deportaciones sin garantías jurídicas y utilizando una fuerza paramilitar, aquí, a nuestro alrededor, el discurso xenófobo se reaviva con mensajes trucados (fakes) expandidos por redes sociales al servicio de políticos y voceros ultras. Usan consignas como la “remigración”, un tipo de limpieza étnica para expulsar selectivamente a migrantes por el origen o religión.








