A pesar de que seguirá habiendo marchas distintas en múltiples ciudades, las organizaciones ponen el foco en la actual situación geopolítica sin olvidar las luchas históricas de las mujeres

El ataque de Estados Unidos a Irán, el de Israel a Gaza y el de Rusia a Ucrania; los talibanes en Afganistán y la persecución de migrantes en ciudades americanas; las activistas condenadas a cárcel o a muerte en Arabia Saudí, Pakistán o Marruecos por defender los derechos de las mujeres, el ultimátum de Donald Trump a Cuba; los cuatro millones de niñas que son mutiladas al año en el mundo, los 50 feminicidios que hay a la semana en Europa y los 11 diarios en América Latina.

Las anteriores son solo algunas de las cuestiones sobre las que este año el movimiento feminista en España ha puesto el foco para convocar a un 8M con una perspectiva global ante “el auge de la extrema derecha y el clima belicista internacional”, alegaban desde la Comisión 8M el pasado miércoles durante la rueda de prensa para la marcha de este 2026; y frente a un sistema de “opresión contra las mujeres que es estructural, mundial”, explicaban desde el Movimiento Feminista de Madrid (MFM).

Ambas organizaciones, las convocantes en la capital, han coincidido en el eje para este año ―no desatender la geopolítica como parte de la estructura que mantiene las desigualdades que copan las luchas históricas―, y no han sido las únicas. Instituciones y distintas organizaciones han hecho alusión durante los últimos días a la crisis económica, social, arancelaria y armamentística que va de punta a punta del globo.