Contra la masculinidad sádica, jerárquica y señorial, hay que revertir la destrucción de la relación social, es decir, debemos ponernos a recomponer los vínculos, las solidaridades y las confianzas
Hace ya ocho años de aquellas masivas movilizaciones que convirtieron el 8 de marzo de 2018 en un día histórico para el movimiento feminista español. Bajo el lema “si las mujeres paramos, se para el mundo” se convocó una huelga para detener el consumo,...
la educación y, por supuesto, el trabajo. Se llamaba a las mujeres a parar no solo en el empleo remunerado, sino también en todos esos trabajos domésticos y de cuidados que tantas realizan fuera de los circuitos del mercado. Las marchas convocaron a millones de personas en grandes y pequeñas ciudades, en núcleos urbanos y zonas rurales. No solo fueron extraordinariamente multitudinarias, sino también enormemente diversas y plurales. Las calles se abarrotaron tanto de personas mayores como de jóvenes, así como también de muchos hombres, y esa evidente transversalidad del feminismo consolidó la idea de que estábamos ante uno de los movimientos sociales más masivos del siglo XXI. Hoy, casi una década después, abundan los artículos, las encuestas y los análisis que constatan una involución en esa capacidad del feminismo para interpelar masivamente a la sociedad. En estos años ha crecido el auge de los discursos reaccionarios que señalan al feminismo como enemigo de los hombres, una inquietante reivindicación —también por parte de algunas mujeres— de feminidades tradicionales y una reacción beligerantemente antifeminista entre los más jóvenes. ¿Es que el feminismo nos hace menos falta que antes? No lo parece, desde luego. No si echamos un vistazo al panorama actual y a la obscena ostentación de poder patriarcal que protagonizan los principales líderes de la política internacional. Parece difícil encontrar un ejemplo más paradigmático que Trump de lo que el feminismo lleva siglos señalando como su enemigo. ¿Acaso hay alguien que represente de forma más desnuda y arquetípica al maltratador impune, al matón que humilla a “los perdedores”, al jefe acosador o al señor feudal que toma simplemente lo que desea?








