No lleva patata, pero prepararla es facilísimo y puedes partir de verdura congelada. Guarda esta receta para aplicarla a otras hortalizas
Lo bueno de muchísimas verduras, aparte de todo lo que sabemos en términos nutricionales, es que se puede preparar tortillas con ellas. ¿Por qué destacamos esta característica? Porque las tortillas suelen gustar a todo el mundo, son relativamente fáciles de preparar, si te sobra puedes comerla al día siguiente fría o caliente, llevan pocos ingredientes que suelen ser económicos y se pueden meter en un táper y llevar al trabajo.
En esta ocasión la preparamos de brócoli y le añadimos queso, una combinación que ya dimos en su momento por exitosa. También podrías prepararla con coliflor o con romanesco, con espinacas o acelgas usando una buena cantidad –recuerda que se reducen mucho al cocinarlas– o con col de cualquier tipo cortada en juliana y salteada, por mencionar algunas que están ahora de temporada.
El punto importante es que escurras bien la hortaliza que uses –incluso puedes apretarla con las manos limpias para eliminar todo el líquido posible– para que tu tortilla a) no quede aguada o b) no se convierta en soufflé al cocinarla, ya que el agua crea burbujitas de vapor en el interior.






