Es sabrosa, relativamente rápida y viene con truco extra: pasar por la sartén las judías para darles un toque tostado

Las tortillas admiten casi cualquier cosa si se hacen con un mínimo de sentido común; algunas combinaciones funcionan especialmente bien sobre todo si llevan siglos retozando en contrastada solvencia (sirva la de patata y cebolla como ejemplo primigenio). Esta versión con butifarra y alubias refritas –conocidas por aquí como ‘seques’– tiene todas las ventajas. Es sabrosa, se prepara relativamente rápido al usar legumbre ya cocida y viene con un truco extra para encontrarse trocitos crujientes al morderla; tan sencillo como tostar un poco las alubias.

La receta está pensada para hacerla con butifarra fresca –diferentes carnes de cerdo picadas, embutidas, aliñadas con sal y pimienta; crudas– o con longaniza del mismo estilo, si la tienes más a mano. Puedes cocinarla entera y cortarla después en rodajas, hacerla ‘esparracada’, con lo que se ‘desembutirá’ durante la cocción, o directamente quitarle la tripa y saltear solo el relleno. Si yo lo he pensado, tú seguramente también: servirla con un poco de all i oli o alioli puede ser la jugada maestra.

Con butifarra cocida blanca o de perol recomendaría rebajar la cantidad; y si se usa botifarra negra, todavía más, ya que al llevar también sangre su sabor es bastante potente; aparte de esto, no tiene más secreto que controlar el punto de cocción del huevo. Funciona igual de bien recién hecha que templada, y admite compañía de pan con tomate –si la admiten las de patatas, ¿por qué esta no?–, escalivada o ensalada verde o de tomate. Si eres sincebollista, que de todo tiene que haber en la vida; puedes añadir un poco de ajo picado a las seques durante el refrito.