Nada puede salir mal en este plato típico del interior de Cataluña, donde el tubérculo se mezcla con butifarra negra y panceta sofrita con ajos
Estas patates emmascarades precisamente enmascaran –hay que ver qué finamente hilado, ejem– un plato recio y sustancioso: patata cocida entreverada de buena butifarra negra y panceta sofrita con ajos… ¿estás salivando ya? El plato procede de la comarca barcelonesa -y una mica leridana- del Berguedà. En su web de turismo proporcionan una receta que consta de patata, chicharrones, butifarra negra y torreznos, además de ajo y perejil, pero yo he optado por utilizar es del cocinero Pep Nogué.
Las patatas enmascaradas adoptan un característico tono oscuro gracias a la butifarra negra, que a su vez debe su color a la sangre de cerdo con la que se elabora. ¿Si no tienes butifarra negra podrías usar algo de morcilla, o te mandarían a l’infern de los cocineros? Yo diría que a por ello, sin dudarlo. Al final, la cocina es adaptación: yo misma, a riesgo de ser perseguida con horcas y teas por los bergadanos, he empleado butifarra blanca; porque en mi zona encuentro puré de calabaza de Kentucky para hacer la tarta de calabaza del demonio, pero la butifarra negra… pá qué la van a traer.






