El emparedado gourmet e identitario conquista al público a base de reinvención, mirando hacia las raíces en Vigo

Adrián Moral trabajaba en la alta cocina gallega. Empezó en Culler de Pau (con dos estrellas Michelin), en O Grove, continuó en Ceibe (una estrella), en Ourense, y acabó en Silabario (otra estrella), en la sede del

lub-celta-de-vigo/" rel="" data-link-track-dtm="">RC Celta en Vigo. Le gustaba aprender de los más experimentados. “La creatividad lleva a más creatividad”, reconoce. Pero tenía ganas de tener la libertad de crear una carta desde cero y regentar un negocio propio. Lo lógico es que hubiese seguido el camino de la haute cuisine. Pero este vigués de 29 años escogió su propio rumbo. Montó Fame, una bocatería diferente en Rúa Real, 40, Vigo. Un lugar donde pudiese mezclar lo aprendido en la mejor gastronomía gallega con comida accesible y atractiva para todos los bolsillos. Y sus bocadillos de autor acaban de cumplir un año.

Madera barnizada, música de Baiuca o Fillas de Cassandra y una pared larga de granito con decenas de monedas que reposan en ella. Esto percibe uno al entrar a Fame, en pleno casco viejo de la ciudad. Su existencia nace de cabalgar una contradicción entre lo viejo y lo nuevo. El protagonista de su carta es un antiguo conocido de la gastronomía mediterránea como el bocadillo. El nombre del local no tiene nada que ver con sinónimos de fama o notoriedad. Significa, literalmente, hambre en gallego. Desde panes rústicos o de cea al francés brioche, sus emparedados conquistan a todo el que visita el local.