El mandatario estadounidense sigue siempre la secuencia de guerra relámpago hasta que alguien le para los pies

La política económica de Donald Trump sigue la secuencia de los movimientos terroristas, en modo blitzkrieg, guerra relámpago. Hasta que alguien le para los pies, como el Tribunal Supremo (TS); o le desafía, como en primavera China, Brasil y los mercados de bonos. ...

Primero lanza de improviso aranceles brutales. Imprevisibles: contra toda norma multilateral, y desbaratando programas de inversión y business plans empresariales. Luego, en reacción adusta a su primera recepción, multiplica el desconcierto, causando pavor. Al cabo, interrumpe la digestión postraumática de sus medidas. Y al dar marcha atrás, ridiculiza a quienes, humillándose, pactaron con él.

Designio sencillo: convertir la incertidumbre en certeza solitaria. Lo único cierto será que nada hay seguro. Ni probable. Al final, sólo su caótica y volátil voluntad.

Su caso con Europa es paradigma de inconsistencia. Es TACO, por las iniciales de Trump always chickens out, Trump siempre se acobarda, gallináceo. El 27 de julio de 2025 llegó a un principio de acuerdo con Ursula von der Leyen —aranceles USA del 15%; contra europeos, cero— junto a su golf privado en Turnberry (Escocia), esa vergüenza diplomática. El 5 de agosto ya amenazaba con aumentarlos si la UE no cumplía un plan de inversiones etéreo en EE UU (600.000 millones de dólares genéricos; 750.000 en compras de energía; y de armas, aparte). Y lo repetía el 26, hasta que el 28 Ursula se allanaba a todos sus requerimientos. El 17 de enero de 2026, volvía a la carga, esta vez contra los ocho países europeos que enviaron militares a Groenlandia para protegerla de sus fauces. Reacción unitaria contundente; retirada TACO.