En tan solo un día se pueden descubrir los monumentos naturales y la arquitectura civil, social e industrial de este antiquísimo pueblo pesquero que ha visto pasar varias civilizaciones y aún conserva su legado británico
Este antiquísimo pueblo pesquero ha crecido y se ha desarrollado entre las marismas de los ríos Tinto y Odiel y los cabezos o conqueros, una serie de elevaciones tipo colinas que hay a lo largo de la ciudad, formados por sedimentación marina. Hoy son monumentos naturales en los que han aparecido esqueletos de ballenas, dientes de tiburones y conchas. Estos no son los únicos restos que han salido a la luz. Bajo la superficie de
26/viajero/1109455026_850215.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/diario/2005/02/26/viajero/1109455026_850215.html" data-link-track-dtm="">Huelva se han encontrado restos de santuarios fenicios, asentamientos griegos y un faro romano. Sobre su superficie queda un legado británico en forma de avances médicos, el ferrocarril, un muelle en el que desde hace tiempo no se cargan ni descargan minerales provenientes de las minas de Riotinto ni mercancías, un antiguo hotel de lujo en el que no hay huéspedes, un barrio obrero que parece sacado de Mánchester y el Real Club Recreativo de Huelva, decano de los equipos de fútbol españoles y fundado por un puñado de escoceses en 1889. Desde finales del siglo XIX y hasta mediados del XX, la ciudad fue la sede administrativa y financiera de la compañía que explotaba las minas de Riotinto, y que antes explotaron tartesos, fenicios y romanos.






