En el ensayo ‘Neurograstronomía’ aborda sus temores y preocupaciones, además de dos temas que más le apasionan: la neurología y la cocina

Se presenta como neurólogo —durante años ejerció como médico y responsable de esta especialidad en el Hospital Policlínico del Vallès, en Granollers (Barcelona)—, profesor de ciencia y tecnología de los alimentos y artista de la cocina. Estudió Bellas Artes y, en 1996, abrió el restaurante L’Esguard, en Sant Andreu de Llavaneres (Barcelona), con el que obtuvo una estrella Michelin dos años más tarde. En 2008 inauguró otro en Nueva York y ha trabajado como consultor gastronómico en Yokohama (Japón), Caracas (Venezuela) y Shandong (China). Miguel Sánchez Romera, nacido a mediados del siglo pasado en Córdoba (Argentina), atiende a este periódico este lunes, coincidiendo con la publicación de su último libro, La Neurogastronomía (Planeta Gastro), mientras ultima los detalles del restaurante Azul y Verde, que abrirá en dos semanas en Barcelona. Su propósito con este nuevo local es abordar, revisar y profundizar en el concepto de cocina mediterránea global: “No solo la levantina, sino la que mira a los 23 países, como Turquía, Grecia, incluso Marruecos o una parte del Líbano. El Mediterráneo es muy grande, y la dieta mediterránea es la más contrastada científicamente, además de por lo que se come, por el valor añadido de cómo se come, ya que es símbolo de muchas cosas, como la convivencia”, explica. En el libro reivindica haber sido el primero en descubrir e introducir una nueva disciplina, la neurogastronomía, que estudia la relación entre los procesos cerebrales y la percepción del gusto, el placer y la emoción en torno a la comida.