La película construye un amor lírico y un punto cursi que sirve como producto de comunicación y mercadeo

Cumbres borrascosas es una de las mejores novelas de la historia de la literatura. Emily Brontë nos habló en ella del amor como fenómeno de la naturaleza, como esa borrasca de gran potencia destructiva que forma parte de todas las personas. Una fuerza que no puede ser contenida ni por la sociedad ni por los individuos. Y por eso se llama justamente así, Cumbres borrascosas, porque habla de un fenómeno natural, bello y devastador al mismo tiempo. Ahora aparece una película

elpais.com/smoda/moda/2026-02-06/por-que-la-version-de-cumbres-borrascosas-de-margot-robbie-no-se-entiende-sin-la-influencia-de-kate-bush.html" data-link-track-dtm="">dirigida por Emerald Fennell, que se titula "Cumbres borrascosas", entre comillas (entrecomillan, claro, para resignificar el contenido). ¿Y qué pasa si se mete un fenómeno natural entre comillas? Pues que deja de serlo. Ahora es un producto social y comercial.

La novela Cumbres borrascosas nos dice que si hay amor no hay vida, así, a lo bruto. Nos muestra una pasión desatada y devastadora y construye un amor que la sociedad entiende pero que no comparte. Es una novela romántica (y punk) porque explica que la convención es una trampa, que el matrimonio es una farsa. Lo romántico del libro es la pelea a muerte con las convenciones del romanticismo burgués. Es compleja, es furiosa, es dolorosa y es verdadera. En cambio “Cumbres borrascosas”, entre comillas, nos habla de la parte aceptable y domesticada de la pasión. Por eso construye el amor como idilio (un amor lírico y un punto cursi) que sirve como producto de comunicación y mercadeo. Adiós, naturaleza, estás muerta. El capitalismo te arrasó.