Por qué la reciente adaptación cinematográfica de ‘Cumbres borrascosas’, la estética, las series y el pop siguen orbitando alrededor de ‘Wuthering Heights’

Kate Bush (1958, Bexleyheath, Reino Unido) es una artista total: compositora, bailarina, performer, mimo. En los videoclips de Wuthering Heights (1978) —uno vestida de blanco, otro de rojo— baila en el campo como una aparición y abre tanto los ojos que parece el fantasma de Cathy Earnshaw, la protagonista, junto a Heathcliff, de Cumbres borrascosas (1847), la novela de Emily Brontë que inspiró la canción.

Más de cuatro décadas después, una nueva adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas, que llega a los cines españoles el 13 de febrero, ha reactivado un clásico tan influyente que resulta difícil escuchar o ver algo que no esté, de algún modo, hechizado por el efecto Kate Bush. El filme dirigido por Emerald Fennell repite una pirueta estética que Sofia Coppola ya bordó en María Antonieta (2006): los trajes de Margot Robbie —la actriz de Barbie— son deliberadamente anacrónicos y tanto la ambientación como la paleta cromática apuntan a los años ochenta y al imaginario del vídeo del hit de Kate Bush. El látex rojo, la capa roja, las gafas de sol rojas, el vestido de novia con hombros descubiertos coronado por metros de velo medio deshecho, el exceso teatral…