Este nuevo Griezmann es una buena razón para analizar el nuevo fútbol, un animal analógico en un juego
Que el fútbol es un psicópata que no hay quien lo entienda lo sabemos desde hace mucho tiempo, pero cuando nos encontramos con alguna prueba seguimos sin poder creerlo. El Atlético de Madrid le metió cinco al Betis como visitante, para tres días después perder contra el mismo Betis 0-1 como local. Y este jueves, para coronar el sinsentido, le metió cuatro al Barça en un pis pas.
No intervino la suerte ni el árbitro, el Barça fue víctima de un equipo incansable, decidido y eficaz que lo tomó por la solapa y no lo soltó durante 45 minutos. También víctima de un talento superior. No hace tanto, al abrigo del Metropolitano, el Atlético le metió cinco al Madrid en lo que fue el principio del fin de un ciclo. Ahora le tocó a Hansi Flick vivir su noche más amarga con el Barça. A todo esto, el Atlético vive a 13 puntos del líder en la tabla de clasificación de la Liga. La razón de este sinsentido se llama fútbol.
Vayamos a lo sustancial del partido. En la banda, Simeone padre movía los brazos como aspas de molino para pedirle entrega a sus jugadores y fuego a los aficionados. En el campo, Simeone hijo atravesaba los grandes espacios que le regalaba el Barça, con dos pistones como piernas. Pero en medio de aquel despliegue infernal en el que participaba todo el equipo, un hombre ponía pausa y criterio para darle sentido, armonía y belleza al juego: Antoine Griezmann.






